Sentada en la terraza, cayendo el sol por mi espalda y acompañada magicamente por ti, me pongo a pensar.

¿Cómo encontramos a aquel imperfecto extraño que está al frente de uno?, ¿Cómo aparece en tu vida?… ¿Quién podía imaginar que estarían juntos hoy?

Son tan distintos los caminos que llevan a la gente por la vida y de repente te encuentras al lado de una persona que quizá, si no hubiera estado en el lugar exacto -o inexacto- en aquel instante, hubieran pasado de largo, sin saber siquiera de su existencia.

Son maravillosos aquellos momentos en que vamos descubriendo a aquel imperfecto extraño… Lo que le gusta, lo que no, sus creencias, sus ídolos, qué adora, sus manías, su estilo, sus amores…

Y uno va creyendo que falta poco para terminar de armar ese puzzle de 5000 piezas, que queda poco por descubrir, que pronto no nos sorprenderá porque sabemos como va a reaccionar, que sabremos lo que hará el día de mañana desde que amanece hasta que anoche… Que falta poco para -por fin- tenerlo en tus manos y saber hasta lo que piensa y cuando menos te lo esperas, salta una cosa nueva frente a tus ojos. Algo completamente diferente se levanta ante nosotros…

Y es que aquel imperfecto extraño es eso, un imperfecto extraño, al cual le vas descubriendo cada día algo más.

Lo único que sabemos es que aquel imperfecto extraño daría hasta lo que no tuviera para hacernos felices…

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